martes, 20 de septiembre de 2016

Cartas Marruecas (4) José Cadalso. Soñar para contarlo.







 "Yo no hallo voz en castellano que exprese la idea que me inspira."


Cartas Marruecas (4) 
José Cadalso 

La carta número nueve es una defensa de la actuación de los primeros conquistadores en América, motivada por los ataques que ha sufrido de los enemigos del imperio español a lo largo de la historia. El texto, estructurado en veinte puntos, es el traslado a las cartas de un papel leído por Nuño acerca de la conquista de Méjico, sustanciado en el liderazgo de Hernán Cortés. El intento de imparcialidad de Nuño parte de la – a su parecer- injusta acusación de crueldad a la intervención de los españoles durante la conquista por parte de los humanísimos países que “van a las costas de África a comprar animales racionales de ambos sexos,  a sus padres, hermanos, amigos, guerreros victoriosos, sin más derecho que ser los compradores blancos y los comprados negros; los embarcan como brutos, los llevan millares de leguas desnudos, hambrientos y sedientos; los desembarcan en América; los venden en público mercado como jumentos, a más precio los mozos sanos y robustos, y a mucho más las infelices mujeres que se hallan con otro fruto de miseria dentro de sí mismas; toman el dinero; se lo llevan a sus humanísimos países, y con el producto de esta venta imprimen libros llenos de elegantes inventivas, retóricos insultos y elocuentes injurias contra Hernán Cortés por lo que hizo.” Contrapeso de la leyenda negra. 

A juicio de Nuño, Cortés es un subordinado militar que acata órdenes. Posee carácter de héroe porque pone orden en la tropa que manda, termina con los ídolos que exigen sacrificios humanos y apacigua a los nativos. Maestro y ejemplo en la lucha de pocos contra muchos. Y sobre todas las razones, le parece ejemplo de heroísmo sin igual humillarse ante quienes va a conquistar. Apaga y vámonos si quemar los barcos para impedir la retirada de los suyos, no es humana valentía. La Noche Triste y la batalla de Otumba. Tener la moneda y lanzarla al aire; vencer o morir sin fisuras. Además, si todo lo anterior supiera a poco, Cortés cuenta con la sagacidad suficiente para buscarse aliados entre los nativos y aplicar el castigo a los traidores con rigor. Concluye la reflexión aceptando que se mató mucho y mal sobre todo en el Perú, pero si le dieran a escoger entre morir defendiendo a los suyos y ser llevado con padre, mujer e hijos a miles de leguas hacinado en un navío, comiendo habas y agua podrida para ser vendido como esclavo y después trabajar en trabajos que nadie quiere hacer, habría elegido la suerte de los primeros. Ya pueden, “los continuos mercaderes de carne humana” contarlo en prosa o en verso, en homilías infumables o panfletos sueltos. 





"Deja a la posteridad un ejemplo de valentía, nunca imitado después, y fue quemar y destruir la armada en que había hecho el viaje, para imposibilitar el regreso y poner a los suyos en la formal precisión de vencer o morir: frase que muchos han dicho, y cosa que han hecho pocos." 

La poligamia está mandada por la religión y autorizada por el gobierno en Marruecos. La religión la prohíbe y la costumbre la tolera en Europa. Gazel observa, escucha a unos y a otros y concluye que los musulmanes varones no tratan peor a la mitad hermosa del género humano. En ese momento invade España con rapidez una casta nueva y peligrosa que hará del país una nación de bárbaros si no se ataja a tiempo. Se trata de una colección moderna de petimetres que secan los mares, que tratan a las mujeres con desapego de gallo de corral: usar y tirar. No son moros ni tienen serrallo, pero juran que entre las que asaltan, las que capitulan y las que se entregan sin aguantar el sitio, suman por día más que los moros en toda su vida. Malditos don juanes. 

Observa que a pesar de la relajación de costumbres,  aún quedan matronas dignas de respeto que nunca admitirán un yugo tan duro e ignominioso. Las débiles las respetan. 

En la carta número veinte Ben-Beley agradece a Nuño la ayuda que le presta a Gazel para que comprenda los usos y costumbres de los españoles. De paso le pide opinión sobre el adagio tantas veces repetido de que España es diferente a todo: carece de carácter propio, que es el peor carácter que se puede tener. 

A vuelta de correo Nuño le escribe una carta no muy larga, pero bien estructurada. Le señala que esa apreciación puede corresponder a las costumbres de Madrid, pero España es mucho más. Si viaja a las provincias de interior, comprobará que las cosas están igual que hace tres siglos. Allí persisten el comercio bajo mínimos, los malos caminos y la escasa diversión. Por lo tanto, “los hombres están compuestos de los mismos vicios y las virtudes que sus quintos abuelos.” En medio de la decadencia del carácter nacional, de vez en cuando se descubren señales del espíritu antiguo. Por cada español que muestre tibieza en la fe, siempre habrá un millón que saque la espada para defenderla. Por cada español que dé el callo, que se entregue a su trabajo todo lo que pueda, siempre habrá un sin número que pliegue el chiringuito para ir a las Asturias a buscar ejecutorias y vivir del cuento. 




 "Esta libertad en el trato, que tanto te hechiza, es como la rosa que tiene las espinas muy cerca del capullo."


En general, la idiosincrasia del español tipo tiene un componente de religión, de valor y amor a su soberano. Vanidoso por naturaleza, desprecia la economía y presenta propensión al amor. Todo ello forma un conjunto de virtudes y defectos sobre los que hay que actuar para que éstos disminuyan y aquellas aumenten. “Imposible aniquilar lo que es parte de su constitución.” 

A continuación, da tres ejemplos de cómo lo que a veces se defiende como tradicional tiene corto recorrido histórico. La moda: un traje muy incómodo que se defiende porque es español y bueno cuando en realidad fue introducido y puesto de moda por la casa de Austria. La filosofía de Aristóteles, desterrada en Europa, se sigue defendiendo aquí porque se considera un símbolo de la religión,  cuando en realidad el método nos vino también de fuera. Algo parecido ocurre en el ejército al defender la antigua disciplina española, la sabia disciplina que hizo florecer los tercios en Flandes e Italia, cuando en realidad es una copia de los ejércitos franceses de Luis XIV que eran aliados, como ahora lo son los del emperador prusiano Federico. Y concluye la epístola con una sentencia: “El patriotismo mal entendido, en lugar de ser una virtud, viene a ser un defecto ridículo y muchas veces perjudicial a la misma patria.” Por confundirse con nacionalismo exaltado que impide ver los defectos y llegar al fondo de los problemas, reconocerlos, como primer paso para remediarlos.


Sin prisa pero sin pausa, 
esos carcamales 
organizan sus cruzadas 
contra el hombre libre
 más o menos responsable 
de todos los males 
porque piensan por su cuenta. 
Sueñan y lo dicen.
Joan Manuel Serrat






El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

martes, 13 de septiembre de 2016

Cartas marruecas (3) José Cadalso. Tiempos para la chapuza.






" [En el imperio de Marruecos] todos somos plebe, siendo muy accidental la distinción de uno o otro individuo para él mismo, y de ninguna esperanza para sus hijos"

Cartas marruecas (3) 
José Cadalso 

Gazel piensa que el mestizaje de los pueblos europeos ha traído consigo la adquisición de vicios y el rechazo de las virtudes particulares, ello desembocará en el desapego hacia la patria y la formación de una nueva nación separada de las otras. Se pueden imaginar que será una nación dirigida por familias patricias, dispuestas a sacar tajada, en beneficio de los mismos prestidigitadores de siempre, los que quieren salvarnos la vida. Una nación distinta en idioma, traje y religión. Los pueblos seguirán siendo infelices arrastrados por la decadencia de los estados, pues “los unos se mantienen por la flaqueza de los otros y ninguno por fuerza suya o propio vigor.” Si en ese momento desembarcan naciones guerreras mandadas por héroes de ésos que produce un clima a los extremos de Europa, penetrarán hasta el corazón del continente como el cuchillo en la mantequilla blanda, mal protegido por ejércitos lucidos y simétricos, pero compuesto de esclavos debilitados por el peso de sus cadenas, mandados por generales sin patriotismo fruto de la relajación de costumbres, con lo cual no habrá muralla alta ni foso lo suficientemente profundo que los detenga. Ya pasó con sus abuelos, cuando hace siglos pasaron a cuchillo a los godos españoles hasta teñir de rojo las aguas del Guadalete. Después se necesitaron ocho siglos para reparar el daño que la afeminación había causado. 

Remata sus argumentos con la desolación que ha observado durante los meses que lleva en España: la población diezmada; dos tercios de las casas en ruina; no se conoce un sabio que destaque; la gente huye en desbandada de la dureza de las zonas rurales; las fábricas desaparecidas, sale más a cuenta traer las cosas hechas de Francia o Inglaterra. El apologista, sorprendido por el rosario de razones tan bien ensartadas y sofocado porque nadie le eche un capote, dice que ahora se come mejor, los lacayos hablan de religión y los maridos y amantes ya no se desafían. Además, no se ha conocido desde el sitio de Almeida nada tan útil para la sociedad como los polvos “sans pareille” inventados por Monsieur Frivolité. Gazel asiente por no discutir la ridiculez y se retira a sus oraciones. Pide porque el cielo aparte de su padre los efectos de este tipo de cultura. 





"Su nombre era Domingo, su patria Galicia"


La carta siete parece un relato intercalado, en ella se trata de explicar el daño que causa la relajación de costumbres en la cultura, el tipo de cultura que recibe la nobleza. 

Dice el narrador que en Marruecos no existe diversidad de clases sociales. Allí están el emperador y los vasallos despreciables. Y se acabó, no hay más. En Europa conviven varias clases de vasallos. Las alturas de la escala social están ocupadas por los que nadan en la abundancia debido a herencias y gozan del favor del soberano. Les siguen otros nobles menos poderosos, pero que ocupan los empleos del ejército, la armada, los tribunales y las magistraturas que son puestos que no suelen ofrecerse al pueblo llano embaldosado al suelo. 

Añade que mientras que en Marruecos no hay diferencia en el modo de criar a los hijos, en Europa la educación de la juventud es asunto de primera magnitud. Mientras que las clases populares no necesitan estudios para aprender el oficio de los padres, los otros dos escalones de la jerarquía social necesitan educación para desempeñar los empleos que han de ocupar con el tiempo. Sobre todo la clase alta que a los veinticinco han de afrontar serias obligaciones, como disponer de rentas inmensas, mandar ejércitos o reunirse con embajadores. 

A continuación escribe un relato,  claro como un relámpago, de algo que Nuño le contó sobre un asunto que tanto ha leído, oído, hablado y meditado. Resulta que un día, camino de Cádiz para unirse a su regimiento, se pierde en un monte. Como la noche se le echa encima, acepta la invitación de un mozalbete de unos veintidós años. El caballerete va vestido como un pincel, montado en un caballo primoroso, dos pistolas al cinto, pañuelo de seda morada al cuello y tocado de sombrero blanco finísimo. Van al cortijo de su abuelo a media legua de allí. La viveza de su ingenio y la voz agradable hacen de él un orador perfecto, un brasas que diría un castizo. Pronto el medio soliloquio gira en torno a los familiares del anfitrión, un tío comendador que participó en la batalla naval de Tolón, la disposición de los navíos ordenada por Blas de Lezo en la defensa heroica de Cartagena de Indias o la derrota del Princesa ante un velero imponente equipado con noventa cañones. Se agradece el brote de gota que padece, “porque si no, tenía traza de irnos contando de uno en uno todos los lances de mar que ha habido en el mundo desde el arca de Noé.” También cuenta con un primo que sabe todos los pormenores de todas las batallas que se han librado desde que los ángeles buenos derrotaron a los malos. 





¡Ay de aquel que se resistiera! ¡Qué cantarazo llevaría!

Cuando pasan por el río Guadalete, ya desteñido del recuerdo triste, el autor aprovecha para tocar la historia, también tiene un hermano canónigo de Sevilla, biblioteca viva de todas las historias. Tampoco falta el abuelo famoso en la relación de parientes. Su abuelo vivió una larga vida, fue capitán de lanzas de Carlos II. Le cuenta que quedó huérfano muy jovencito, fue educado por un ayo que quiso meterlo en cintura, pero lo que consiguió fue que aprendiera gramática parda, leer romances, tocar seguidillas y cómo se le pone una vara a un toro. El que primero la tomó fue el dómine a los gritos de ¡Viva el señorito! 

El tío Gregorio, carnicero de la ciudad, siempre los acompaña a las fiestas. Al llegar al cortijo, ya se han juntado para ir de cacería al día siguiente (Mezcla de siglos, Paco el Largo y el marqués de Leguineche de Los santos inocentes y La escopeta nacional). El tío Gregorio hace cigarros y se los ofrece encendidos a los caballeritos, atiza velones, es palmero y brinda a la salud de los presentes con medios cántaros de vino. Nuño, descolado en un mar de pensamientos, no pega ojo en toda la noche. Hasta la habitación llega la jarana, el ruido de las castañuelas, el quejío roto de los gitanos, la quimera, el ladrido alborotado de los perros y el desentono de los cantaores. Lamenta la educación de los cachorros de la clase dirigente, la decadencia está servida.


Tiempos como nunca 
para la chapuza, 
el crimen impune 
y la caza de brujas. 

 Corren buenos tiempos, 
buenos tiempos para equilibristas, 
para prestidigitadores 
y para sadomasoquistas.
Joan Manuel Serrat






El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



miércoles, 7 de septiembre de 2016

Cartas marruecas (2) José Cadalso. Dos desconocidos







 "con las delicias de este clima tan diferente del que habían dejado, cayeron en tal grado de afeminación y flojedad, que a su tiempo fueron esclavos de otros conquistadores venidos de Mediodía."


Cartas marruecas (2) 
José Cadalso 


Gazel dirige a Ben-Beley, al que llama venerable maestro que le enseñó a amar la verdad, las dieciséis primeras cartas. Gazel es un privilegiado del sistema, moro patricio, culto y con papeles, ha venido a España como parte del séquito de un embajador marroquí, nada de pateras arriesgadas ni saltos a la valla. Prolonga su estancia aquí con el fin de observarnos,  anotar las costumbres comunes y las diferentes a otros países europeos. Quiere hacerlo en profundidad, no como los escritores viajeros que se paseaban por aquí una temporada para dibujarnos como exóticos bichos raros. Para ello se viste de cristiano, aprende el idioma y vive en compañía de Nuño con el que congenia a la perfección: “En su compañía se me pasan con gusto las horas.” Intentará despojarse de los prejuicios que a menudo acompañan el encontronazo, moros y cristianos. 

Le pide tiempo a Ben-Beley para entrar en la historia, leer los autores, hacer preguntas a la gente, reflexionar, apuntar y volver a las reflexiones para madurar las muchas diferencias que ha constatado entre los distintos países europeos, incluso dentro de la vasta monarquía española hay variedad increíble de idiosincrasia entre los habitantes que pueblan las distintas comarcas y regiones. No quiere caer en el error de los viajeros que escriben a la ligera sobre lo que han visto en un viaje apresurado. 

Gazel pasa los meses siguientes leyendo historia de España, anterior incluso a la invasión de sus antepasados. Se libera de un lastre, pedirá a Nuño que escriba un resumen y él se lo remitirá a Ben-Beley tal cual. Le advierte de que el extracto puede salir viciado. Nuño piensa por su cuenta y no se calla, tiene voz propia. Pero Nuño es de fiar, pues le ha oído decir que su nacimiento en España es un accidente, él se considera ciudadano del mundo, alma sin fronteras, aunque defienda el particularismo de su ascendencia sin avergonzarse. Tampoco es que exploren mucho en las semejanzas de dos pueblos tan solo separados por unos kilómetros de mar de nada, o una valla.




 "menos algunos montes de Cantabria, cuya total conquista no consta de la historia"

Una enfermedad manda a Gazel a la lona una temporada y Nuño no se separa de su cama durante las tres semanas de convalecencia. Le redacta un escrito pequeño, arrebatado de sinceridad, en el que resume la historia de España desde la antigüedad hasta el presente. Dibuja una realidad idílica compuesta por un espacio de clima privilegiado, abundancia de oro y plata, ganados de calidad excelente y pescados deliciosos, codiciados por fenicios, cartagineses y romanos que la conquistan de arriba abajo con la única excepción de Cantabria, a pesar de las pérdidas numerosas provocadas por el heroísmo de Numancia. Aquí prueban los romanos el valor de los españoles de entonces, resguardados en la curva de ballesta que el Duero traza. Tres ejércitos, formados por lo más granado de la juventud romana, muerden el polvo soriano a las puertas de Numancia. Después reconocen la virtud de tenerlos de aliados. Sagunto sufre asedio cartaginés. Enjambres de feroces naciones del norte se establecen en España, pero aflojan en su ímpetu con el tiempo y se "afeminizan." Otros guerreros venidos del mediodía los hacen sus esclavos. Los godos que pueden, huyen a las montañas de Asturias. Allí se organizan a las órdenes de don Pelayo y comienza una sangrienta guerra de religión que dura ocho siglos interminables, culminados con la reconquista de todos los reinos árabes por los cristianos mandados por Isabel y Fernando, los Reyes Católicos. 

Es de resaltar que a pesar de tanta guerra, la población ronda los veinte millones en ese momento, gracias a la incorporación de tantos pueblos y tan diferentes a la corona de Castilla y Aragón. Sólo les faltó un hijo varón que sobreviviera para haber legado “un imperio mayor y más duradero que el de la Roma antigua.” Después ya sabemos lo que nos cayó encima venido del norte: la casa de Austria que malgastó “los tesoros, talentos y sangre de los españoles en cosas ajenas a España.” Cuando el último Austria desaparece, deja tras de sí el esqueleto de un gigante. Gazel concluye que esta península ha vivido en lucha continuada desde hace dos mil años,  por lo que es maravilla que los campos aún tengan hierba y agua las fuentes. No es de extrañar por ello que de tanto dedicarse a la guerra, hayan descuidado el comercio y la industria, génesis del progreso. Igualmente, de aquí parte el arquetipo, el personaje del hidalgo rural que se envanece de su nobleza, dedicado a andar tieso por sus dominios sin dar un palo al agua, a repintar blasones como el don Guido de Antonio Machado. 





"Concédote cierta ilustración aparente que ha despojado a nuestro siglo de la austeridad y rigor de los pasados."

Sabido es que los rápidos caudales adquiridos en América se distraen de dedicarse a las artes mecánicas y a aumentar la población. 

En la carta número cuatro denuncia una contradicción. Arremete contra los que consideran que el siglo presente es herencia de unos abuelos inmejorables, pero al mismo tiempo abominan de las generaciones anteriores. A un cristiano que hace apología de los tiempos actuales, le argumenta que la prevalencia de un siglo sobre otro debe basarse en ventajas civiles y morales para los habitantes, siendo así que se han perdido mil artes que florecieron en la antigüedad. Le pone como ejemplo de lo perdido y olvidado, no aprovechado, a los pescadores vizcaínos que a bordo de unas barcas rudimentarias eran capaces de hacer los mismos viajes que ahora se hacen con todo tipo de precauciones, capaces de espantar al más valiente. 

Respecto a las ventajas morales, sólo señalar que quienquiera que escriba la historia, no dejará de ver príncipes destronados, tratados quebrantados, patrias vendidas, vínculos matrimoniales rotos, autoridad paterna atropellada, solemnes juramentos profanados, el derecho hospitalario violado, amistad destruida, ejércitos valerosos entregados y sobre tanta ruina, levantarse el desorden generalizado.

Siento que ese tiempo que se fue 
 no ha sido nunca nuestro, 
 como cuando te miro 
y no logro recordar tu cuerpo; 
 no eras tú aquella insolencia de latido 
 que encendía mis deseos más prohibidos. 
 Creo que tú y yo no somos más 
 que dos desconocidos, 
 otros, dos extraños que en el tiempo 
 se han hecho asesinos
Luis Eduardo Aute




El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Cartas Marruecas (1) José Cadalso. Meterse a jardinero.






Cartas Marruecas (1) 
José Cadalso 

La biografía de José Cadalso y Vázquez de Andrade es apasionante, contiene material narrativo suficiente para hacer de ella una novela o una película de éxito. Como ya hicimos un pequeño resumen al introducir el diálogo de Noches Lúgubres, aquí nos vamos a limitar - a modo de introducción- a apuntar algo del papel que juega Cartas Marruecas en el conjunto de su obra literaria, extraído de la introducción a la edición publicada por Ediciones Libertarias y prologado por Juan José Abate Blanco.  

La aceptación por parte de la crítica y los lectores ha sido irregular a lo largo del tiempo, ha pasado del ostracismo a ser considerado el título más conocido de los suyos. La publicación de las Cartas Marruecas es también póstuma, como lo fue Noches lúgubres. Aparece impresa por primera vez en el Correo de Ciegos de Madrid en 1789, Cadalso había muerto en 1782 durante el cerco de Gibraltar. Cuando en 1793 se publica en libro, aparece con modificaciones numerosas a fin de suavizar algunas de las críticas o eludir posibles roces con los censores. 

Aunque Cadalso nunca dejó de leerse, es Azorín el punto de partida que impulsa la revalorización de su obra en el prólogo de la edición de Calleja de 1917. 

En cuanto a la fecha de escritura, existen datos en la misma obra que indican que se espació a lo largo de varios años, a medida que un tema determinado suscitaba su interés. Concretamente entre los años 1768 y 1774 durante su estancia en Salamanca. La ordenación de las cartas la hizo al final con objeto de darles unidad y continuidad.  Las aguas vuelven a su cauce tal como han llegado a nuestros días.  

Las Cartas Marruecas es un compendio de noventa epístolas escritas en primera persona, cruzadas entre sí por Gazel, Ben-Beley y Nuño. La gran mayoría de Gazel lo convierte en el protagonista. Las diez misivas de Nuño en las que vierte la visión de un ciudadano español son interesantes porque pueden corresponder con la visión del propio Cadalso: carácter taciturno, retirado de la vida social con antiguas veleidades literarias, pero defensor del deber moral de renunciar al retiro si se tienen capacidades que beneficien a la sociedad que lo sostiene; como él mismo hizo al dedicarse a obedecer en la vida castrense, a pesar de la desilusión y falta de incentivos. Conocedor de Europa, de mentalidad y formación ilustrada y al mismo tiempo defensor de la esencia española, toma este regreso a las raíces como un viaje interior para conocerse mejor. 

Aunque algunos autores sitúan las Cartas Marruecas en la periferia de la literatura - el mismo autor le reconoce escaso valor literario - la verosimilitud y la forma de tratar los temas más candentes, como son la importancia de las obras públicas, el pésimo estado de los caminos y comunicaciones o el problema de la despoblación, han hecho que la novela epistolar se siga leyendo y se vea reeditada con relativa asiduidad doscientos cincuenta años después de su escritura. 




"Se siente orgulloso sin negar los errores y excesos cometidos."


El tema principal de las Cartas es el “carácter nacional.” Cadalso intenta afrontarlo desde la objetividad más estricta; habla de las costumbres, modas, del pasado histórico y cultural,  huyendo de la superficialidad de las valoraciones vertidas en los libros de viajes. Cadalso concibe el pasado como enseñanza para el presente, ya sea digno de imitar o de desechar. Así,  considera el siglo XVI como el siglo de la grandeza y el XVII como el de la ruina. 

Mención especial merecen sus consideraciones sobre la conquista de América, errores y excesos incluidos. Pone éstos en la balanza contra el tráfico de esclavos negros, practicado sobre todo por los países que más atacan la actuación española en América

La economía es un tema que también incide en la obra en tanto es importante para el desarrollo de las naciones en sus vertientes del lujo y la austeridad. Tampoco elude la educación y la corrupción de la lengua, la afectación en el comportamiento, ni el descenso de población en lo que supone de quebranto de la riqueza. 

En general Cadalso adopta una actitud ecléctica; al mismo tiempo que censura los vicios nacionales, se muestra orgulloso de nuestra cultura, convirtiendo esta obra en un antecedente del ensayo por su claridad y modernidad. Su estilo procura huir de todo aquello que suponga ampulosidad y extravagancia. 




"¡Jesús, María y José! Este hombre es traidor a su patria."


 INTRODUCCIÓN 

Cadalso comienza la introducción con una referencia a Cervantes en la que muestra la admiración por el autor. (Aún no era viejo recurrir a la sabiduría y originalidad de Cervantes.) Señala que desde que el novelista denunciara las costumbres viciosas de nuestros antepasados en el Quijote, no han cesado las críticas de autores extranjeros. El mayor éxito corresponde al género epistolar por lo que su fragmentación supone de lectura cómoda, que aunque no digan cosa nueva, están escritas en un estilo atractivo y novedoso. Esta razón es la que lleva a Cadalso a adoptar el formato de cartas con un protagonista viajero llegado de tierras lejanas para escribir de nuestros vicios y costumbres. En ellas lo importante es lo escrito y no tanto la relevancia del verdadero autor: “Cartas escritas por un moro llamado Gazel Ben-Aly, a Ben-Beley, amigo suyo, sobre los usos y costumbres de los españoles antiguos y modernos, con algunas respuestas de Ben-Beley, y otras cartas relativas a éstas.” Ambigüedad del narrador en otra muestra más del claro juego cervantino que nos propone el autor. 

Añade que las publica porque en ellas no se tratan asuntos de religión ni de gobierno con lo cual evita engorrosos encontronazos con la censura y no hiere creencias ni pasiones de sus compatriotas. Incide en “ese sí, pero no” cuando apunta: “El amigo que me dejó el manuscrito de estas Cartas y que, según las más juiciosas conjeturas, fue el verdadero autor de ellas, era tan mío y yo tan suyo, que éramos uno propio.” Y concluye: “[…]puedo llamar esta obra mía sin ofender a la verdad.” Se resiste a ser considerado mero editor de los manuscritos: demasiada humillación para su amor propio. Afirma que persigue la brevedad de la obra, medida en quilates como las piedras preciosas, huyendo de los libros que pesan quintales como era usual en la época. En modo alguno pretende abusar de la paciencia del lector. 

 Es consciente de que la obra no va a gustar. Al tratarse en ella del “carácter nacional,” disgustará tanto a los que esperen improperios contra esta nación ajada, como no encontrarán mediano mérito los que esperen alabanzas a troche y moche. 

Piensa que es indispensable atraer el odio de ambas parcialidades, hacerse sospechoso a ojos de los preocupados de ambos extremos para aplicar la razón a las reflexiones. No es fácil caminar entre los que afirman: “Este hombre es traidor a la patria” y los “que se avergüenzan de haber nacido de este lado de los Pirineos.” Las posiciones de las dos Españas siguen atrincheradas doscientos cincuenta años después.


Érase de un marinero 
que hizo un jardín junto al mar 
y se metió a jardinero. 

 Estaba el jardín en flor 
y el marinero se fue 
por esos mares de Dios.
Antonio Machado / Joan Manuel Serrat




El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


miércoles, 29 de junio de 2016

La saga/fuga de J.B. (22) Gonzalo Torrente Ballester: Pena y dolor.






"Se llama como nosotros , Jota Be, pero la Be encierra un Bendaña que le sitúa necesariamente al otro lado del río. Le aseguro que me da pena."

La saga/fuga de J.B. (22) 
Gonzalo Torrente Ballester 

La entrevista a Bendaña deja preocupados a los nativos, pero la vida sigue en Castroforte después del traumatismo. La gente no cambia sus costumbres habituales sólo porque un científico preclaro lo quiera. Si acaso, se les nota un poco más acelerados. El runrún de la entrevista no les cambia la vida porque a la mayoría aquello les coge de nuevas, sobre todo a los más jóvenes que ya viven huérfanos de ayudas providenciales, los nombres sacrosantos les resultan desconocidos. 

Don Benito Valenzuela, godo activo y singular, carga el baúl en la carretilla con más piedras que de costumbre y no puede con ella. Cuando don Jerónimo Estévez lo encuentra atascado, se ofrece a ayudarle, ya son pareja para compartir la carga. Don Gerardo Villavieja, don Teófilo Alcalá y don Justo Ugidos hacen lo mismo. Así hasta llegar a la cifra de diez uncidos, unos a tirar, otros a empujar como jabegotes que, animados por el cante de un volga volga marinero, mueven de sitio el baúl sobrecargado de piedras. 



"Alzó el brazo derecho , derribó la capa"


Barallobre no sabe si Bendaña escribirá el libro o no, para el caso es igual, las consecuencias serán las mismas. A su parecer, Bendaña juega con las cartas del compañero. “Le mueve la imposibilidad de entrar en un mundo al que siempre quiso pertenecer y del que su nombre le excluye.” Será un Jota Be, pero con be de Bendaña y eso lo sitúa definitivamente al otro lado del río. Para José Bastida ciertas afirmaciones de las vertidas en el diario son de fácil refutación. Todo está por hacer. Por ejemplo, el vate Barrantes tiene versos buenos y versos malos, como todos los poetas. Si resulta desconocido, es debido a que a nadie se le ocurrió pasarse media vida estudiándolo y difundiéndolo. Un crítico hábil haría de él un precursor de Rubén Darío, coincidente con Antonio Machado en el tratamiento del amor y parecido a Gabriel Celaya o Blas de Otero en los poemas sociales. Lo introduciría en el hilo poético que nace en el Arcipreste, sigue con Garcilaso, continúa en las Rimas de Bécquer y desemboca en los mejores versos de Juan Ramón y Federico García Lorca. Vamos, un adelantado a su tiempo que nadie lee. Tanto énfasis y entusiasmo pone Bastida en la exposición que Barallobre le propone que sea él mismo quien escriba un libro sobre el poeta. 

Ni corto ni perezoso, Bastida se presenta en la Tabla Redonda un día de niebla espesa, de andar con tiento, de tocarse para reconocerse. Allí matan al mensajero. No creen que Belalúa se atreva a asomar por la Tabla Redonda a causa de la entrevista, al menos como amigo. También los hay que no perdonan que los dejen sin su don Sebastián, la esperanza portuguesa del regreso del legendario libertador que nunca llega. Le ofrecen la Silla Peligrosa libre de abrigos y sombreros. Bastida saca unas cuartillas dobladas del bolsillo. Merlín acusa al auditorio de mentes cuadriculadas que no entienden el beneficio de la ciencia. A partir de ese momento serán también los jóvenes los que discutan de los mitos. La gente está alzada en armas, ofendida como si les hubieran quitado algo suyo, la espada del Cid. O hubieran insultado al equipo local. Incluso las féminas se han alborotado, con ganas de arañar a Bendaña o algo así. Además les duele que la desmitificación sea obra del paisano científico, la mente más clara de Castroforte y allí siempre se ha abogado por la ciencia. Si Bendaña descubre que Jota Be es una paparrucha, a ponerse el sombrero y cada uno a su casa. 

“¿Y si los datos del señor Bendaña estuviesen equivocados? ¿Y si además lo estuviesen voluntariamente?” Pregunta José Bastida al auditorio con segundas mientras se dispone a leer las holandesas del bolsillo. Lo que propone es una polémica, la quintaesencia del periodismo de investigación, casi desaparecida con las prisas de internet. De repente aparece de la niebla un embozado con sombrero de copa del año de la pera. Una luz atravesada de pasión y desengaño le brilla en la mirada al contemplar el busto por restaurar de Coralina Soto. Entonces una voz arcaica, pero hermosa, llena el ámbito. 



"Una luz atravesada de pasión y desengaño le brilló en la mirada."

El recién llegado embozado se dirige a la estatua de mármol esquiva y cercana;  remota,  pero siempre deseada. La despieza en partes de corazón frágil; alma de brisa; risa de caracola; el cuerpo todo, nardo en primavera. La voz de timbal, de sirena; cantora y diva. Él se define como paladín y esclavo, dicha y amargura de la frialdad marmórea del busto. La sigue amando y lamenta los desconchones que el paso del tiempo deja en la estatua y maldice a los miserables que la insultan y que escriben puta en el cuello inmaculado. Llega de un sueño largo o de un largo viaje. Y concluye la alocución: 

“Soy el Vate Barrantes, muerto o vivo 
En cualquier caso soy”


No one knows what it's like 
To feel these feelings 
Like I do, and I blame you! 
No one bites back as hard 
On their anger 
None of my pain and woe 
Can show through
The Who



El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


lunes, 20 de junio de 2016

La saga/fuga de J.B. (21) Gonzalo Torrente Ballester. Soportar el dolor.








"Tras las almenas de su torre había siempre arcabuceros alerta que llevaban siempre en el pecho la espada verde de Villasanta de la Estrella."


La saga/fuga de J.B. (21) 
Gonzalo Torrente Ballester 

La entrevista que el director del periódico local, don Parapouco Belalúa, le hace a Jesualdo Bendaña complica las cosas en Castroforte. En realidad la entrevista ocupa sólo la contraportada de la Voz, pero es sólo un extracto porque el autor la dilata con maestría a catorce páginas de la novela. Como veremos, las consecuencias serán importantes, ponen en solfa los cimientos sagrados, las raíces fundacionales de la comunidad autónoma de Castroforte del Baralla. 

Don Gonzalo recurre a la entrevista, género periodístico de gran fuerza, que él introduce con ventaja en el relato de manera natural, nada forzada. Escuece como una pasada sin querer por una mata de ortigas rabiosas. 

Don Jesualdo es un profesor respetado en Castroforte, no en vano trabaja en los Estados Unidos, Universidad de Cornell, estado de Nueva York. Todo el mundo se siente orgulloso de su paisano científico. Habrá un antes y un después de las manifestaciones al diario local. Crearán una fuerte controversia porque el eco dinamita desde dentro las creencias bien arraigadas de la gente, aquello por lo que es capaz de matar o morir a poco que se le azuce. 

La introducción a la entrevista es Modernismo, belleza literaria decadente en estado puro, directamente tomada de las Sonatas de Valle Inclán, “don Ramón de las barbas de chivo” y la descripción del jardín abancalado del pazo de Bendaña, puesto de vigilancia que se extiende hasta el cauce del Baralla, frontera de los odios. “Veredas melancólicas bordeadas de nobles piedras; escalinatas de amplias proporciones y traza complicada […] glorietas, cenadores, estatuillas, un arco roto, una mesa de piedra.” Antes de que termine el año habrá gastado un dineral para verlo un poco rejuvenecido, después no podrá disfrutarlo porque tiene que reincorporarse al puesto que dejó allí en los Estados Unidos. 





"Los mitos hacían felices a los hombres, ya que destruían la angustia."

Pero Bendaña ha venido aquí a hablar de su libro: “Los mitos de Castroforte del Baralla.” En él piensa aplicar “los métodos de desmitificación característicos de la ciencia moderna.” Los argumentos más tumbativos y definitivos para acabar de una vez por todas con las creencias del pueblo llano. “Hay que cerrar con siete llaves el sepulcro del Cid,” como sostenía Joaquín Costa esclarecido. Como España está atrasada, la ciencia moderna llega con retraso y es mal entendida en un país que todavía cultiva los mitos, mientras en el extranjero se han desembarazado de ellos. La sagrada misión de un científico es descubrir la verdad a pesar de la oposición o el escándalo porque los hombres prefieren “las Mentiras Amables a las Verdades Ásperas.” Para entonces el científico Bendaña ya se ha encaramado al pedestal y apunta con el dedo. Habla ex cátedra. Imparte doctrina a los parroquianos ignorantes, eslabón fallido del proceso evolutivo. Auditorio ideal. 

Su hilo argumental es impecable. Estamos en la era “De la Desmitificación.” En todos los ámbitos a los nuevos descubrimientos suceden periodos en los que las viejas creencias se tambalean y caen con gran dolor de las sociedades, en esas creencias estaban enterradas las raíces de su espíritu, sus mitos. “Sin sus viejos mitos, los hombres se sienten solos, se sienten angustiados y desesperados.” 

Lo más doloroso para la gente es que quien arremete contra el recinto sagrado de sus creencias sea una autoridad, un sabio. Las almas comunes que se han formado en la contemplación de los mitos ya no tendrán que preocuparse ni sentir que el suelo se les escapa bajo sus pies. La verdad científica los hará también felices. Las nuevas generaciones ahorrarán en estatuas. No tendrán necesidad de mitos, en su lugar hallarán verdades fundamentales, menos bellas quizás, pero más firmes. Los tiempos venideros descansarán en resplandecientes e incontestables afirmaciones. 

La entrevista continúa por el sendero tortuoso de la ciencia. El científico se emplea a fondo para desmitificar al vate Barrantes, héroe y poeta a la vez. Héroe porque se puso al frente de la efímera rebelión cantonal. La algarada duró hasta el anuncio de que las tropas del gobierno que venían a sofocar el tumulto estaban cerca. Abdicación incruenta, allí no se disparó ni un tiro. Bendaña señala que dedicará un capítulo completo del libro a demostrar que Barrantes era un pésimo poeta, que no escribió ni un verso interesante. No lo ha leído casi nadie porque es ilegible. Lo dice él que lo ha leído entero. También lo decía el difunto Barallobre cuando eran adolescentes y ya comprendían el valor nulo de su poesía. 

Nadie puede negar la existencia de Coralina Soto, ahí está el retrato colgado de Manet y muchos otros para corroborarlo. Incluso las memorias que a alguien le dictó porque Coralina era analfabeta. También proclama el entrevistado que nunca estuvo en Castroforte, ella misma lo señala en sus memorias. Dice que nació en Cádiz, hija de una gitana y de un marinero griego. Su madre fue una famosa bailaora flamenca. Su conocimiento llegó a Castroforte a través de las revistas llegadas de París y que iban a parar a la Casa del Barco. 

A partir de 1865, fecha clave para el pueblo, comienza la actividad mitificadora del grupo, se forma la Tabla Redonda. El antiguo semanario se transforma en diario y se publican “una serie de noticias falsas perfectamente graduada y dosificada, hasta tal punto que el pueblo acabó por preguntarse por qué, si España era ya, y sería para siempre, un pueblo de cantones federados, por qué Castroforte no era independiente todavía.” Inventan una reina Ginebra en la persona de Coralina Soto, como podría haber sido Lola Montes o cualquier otra cupletista famosa. La hacen llegar a Castroforte, la instalan en el Suizo y el vate le dedica sonetos encendidos. Ya está la leyenda montada. El rey Artús, su mujer Ginebra amante de Lanzarote, es decir Barrantes, todo invención. El mismo proceso de invención con el Obispo, el Almirante y el Canónigo. Las implacables afirmaciones de Bendaña caen como una losa, desmoronamiento de la casa común, el mundo conocido convertido en humo. Un inesperado brexit, un castrexit.  






"Es frecuente y explicable que los hombres que forman esas sociedades se aferren con desesperación a los mitos destruidos"

No queda por volatilizar más que el Santo Cuerpo Iluminado de Santa Lilaila de Éfeso y se acabó de milagrear para siempre. En 1864 unos catedráticos de la Universidad de Villasanta ya calculan que el Cuerpo Santo no tiene más de doscientos o trescientos años de antigüedad. El icono que se venera no pasa de ser “una falsificación que no remonta más allá de los primeros años del S. XVII.” 

Ante argumentos tan bien engastados, Parapouco Belalúa, harto de encajar tantos golpes seguidos, saca a relucir el as que guarda en la manga, golpe ganador. Belalúa se sale por la tangente antes de darse por vencido. Le expone las sospechas de que su interés por tumbarlo todo y por empujar a la victoria de Villasanta sobre Castroforte no puede ser desinteresado. Le acusa de ser un Bendaña, igual que todos los Bendañas que tanto daño han hecho a Castroforte a lo largo de la historia. Un descendiente godo que viene a asestar el golpe definitivo. 

Otro aspecto de la tesis que defiende incide en que la culpa de todas las invenciones descansa en la rivalidad entre los dos pueblos linderos. Y la verdadera causa de la rivalidad estriba en las virtudes culinarias de las lampreas. Las del Mendo son más finas que las del Tambre. El comercio de la lamprea ha sido una fuente de ingresos para los lugareños desde hace siglos. 

Un profesor de astronomía americano echa por tierra la teoría de la conjunción de astros que marca la fecha exacta de la muerte de los míticos héroes locales. No queda nada en pie de la mitología. Qué ser, este científico quitando palos del sombrajo. Lo más firme, lo que se tarda siglos completos en armar, echado abajo de un día para otro sin necesidad de ejércitos armados hasta los dientes, sólo con investigación y sentido común.


You're out on the streets looking good, 
And baby deep down in your heart I guess you know that it ain't right, 
Never, never, never, never, never, never hear me when I cry at night, 
Babe, and I cry all the time! 
But each time I tell myself that I, well I can't stand the pain, 
But when you hold me in your arms, I'll sing it once again.
Janis Joplin




El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


PD: Perdonen los lectores la extensión de la entrada, pero no era cuestión de dejar a medias la entrevista con Jesualdo Bendaña.