jueves, 23 de noviembre de 2017

Don Juan Tenorio (2) José Zorrilla. Algo que creer.





"El sepulcro, ¡juro a Dios!, por mi mano la he de abrir"

Don Juan Tenorio (2) 
José Zorrilla 

José Zorrilla y Moral dedica Don Juan Tenorio, drama religioso-fantástico, a don Francisco Luis de Vallejo, su mejor amigo y alcalde de Lerma; en Madrid marzo de 1844. Es decir, el autor advierte al lector o espectador de que lo que va a leer o ver es ficción representada. Un producto de su imaginación que nada tiene que ver con la realidad. Su intención es escribir teatro de evasión que además se meta en honduras metafísicas de difícil comprensión. ¿Por qué entonces la fama y el éxito instantáneo, desde la primera representación, de esta obra? La respuesta habría que buscarla en los versos con fuerza, rima consonante, sonoridad rítmica y el mito del Don Juan, tema enraizado en la memoria colectiva del español medio. Un entramado que mezcla los ingredientes fundamentales del teatro del Barroco. Los temas universales del honor, el amor, la amistad, la libertad. Todo ello realzado por una maquinaria que se ajusta perfectamente a una acción cronometrada en la que es necesario que nada falle. Sumadas las partes nos  da como resultado el festival teatral de la obra más representada y versionada del teatro español. 

La obra está dividida en dos partes: La primera parte se desarrolla en cuatro actos y la segunda ocupa los tres actos restantes. Cada uno de los siete actos está encabezado por un título que resume el contenido del acto: 

PRIMERA PARTE 

Primer acto: Libertinaje y escándalo 
Segundo acto: Destreza. 
Tercer acto: Profanación. 
Cuarto acto: El diablo a las puertas del cielo. 

SEGUNDA PARTE 

Primer acto: La sombra de doña Inés. 
Segundo Acto: La estatua de don Gonzalo. 
Tercer acto: Misericordia de Dios, y apoteosis del Amor. 


El autor explica en una nota breve que la acción se desarrolla en Sevilla, en 1545 durante el reinado de Carlos I y que los hechos ocurren siempre de noche, a la luz de la luna. Los cuatro primeros actos en una noche y los tres últimos en otra noche cinco años más tarde. 

Se alza el telón, estamos en la Hostería del laurel, regentada por Cristófano Buttarelli. Es Carnaval. Don Juan con antifaz escribe en una mesa y Buttarelli y Ciutti hablan del carnaval cuya algarabía penetra por la ventana del establecimiento y no deja concentrarse a un enfadado don Juan que (según el criado) escribe a su padre. Ciutti está contento con su amo don Juan: 

No hay prior que se me iguale 
tengo cuanto quiero y más 
tiempo libre, bolsa llena, 
buenas mozas y buen vino. 

Cuando don Juan termina de escribir, firma, plega y le da la carta a Ciutti con instrucciones para que la entregue en el convento de doña Inés, espere la respuesta de la dueña (una llave, una seña y una hora) y rápido como el viento esté de vuelta. 




"Todo mi caudal perdí, dobla a dobla, una por una"

Es una constante que el planteamiento de la trama y la presentación de los personajes se den en las primeras escenas de una obra. Buttarelli y Ciutti dialogan mientras don Juan escribe. El autor aprovecha para presentarnos al protagonista, don Juan Tenorio, a través de un diálogo eléctrico entre dos secundarios. Ciutti lleva un año de criado con el amo, pero no sabe a ciencia cierta ni el nombre ni la procedencia. Esta indefinición deliberada lo convierte en un mito, una leyenda sin nombre. Tiene la nobleza de un infante, es rico, valiente como un pirata y culto. Le gusta escribir: “Largo plumea,” exclama Buttarelli

A continuación llegan don Gonzalo, padre de doña Inés, y don Diego, padre de don Juan, a la Hostería del laurel. Se han enterado de la cita que tienen don Juan y don Luis Mejías. Quieren observar sin ser vistos. Si las apuestas que circulan son verdad, “mejor muerta que esposa suya la quiero” Dice don Diego dolorido y sigue:
  
 […]Quiero ver 
 por mis ojos la verdad 
y el monstruo de liviandad 
a quien pude dar el ser. 

 Butarelli se muestra encantado de una clientela tan distinguida que no repara en gastos y paga por adelantado y sin consumir. Van llegando más personajes, ahora son el capitán Centellas y Avellaneda. El primero apuesta a que don Juan es el más calavera. Avellaneda pone su dinero en don Luis. 

Por fin, justo al dar las ocho campanadas, comparecen don Luis y don Juan a la cita que toda Sevilla y las campanas de la Giralda esperan. Una vez creada la expectación se presentan los dos contendientes en otro dialogo, momento álgido del acto, que marca el primer encontronazo de los contendientes:

Don Juan: Esa silla está comprada, 
                  hidalgo. 
Don Luis: Lo mismo digo, 
               hidalgo: para un amigo 
               tengo yo esotra pagada. 
Don Juan: Que ésta es mía haré notorio. 
Don Luis: Y yo también que esta es mía. 
Don Juan: Luego, sois don Luis Mejías. 
Don Luis: Seréis, pues, don Juan Tenorio. 

Se quitan las máscaras y pasan a relatar el último año de fechorías y maldades cometidas. Ambos fuera de España, don Juan elige Italia porque hay guerra y “donde hay soldados hay juegos, hay pendencias y fechorías.” En Roma arrasa, aumenta su fama de gallardo y calavera y tiene que huir a lomos de un mal rocín porque lo quieren ahorcar. Pasa otros seis meses en Nápoles donde la lía parda como dejó escrito en los versos inmortales del don Juan más insolente, pendenciero y descarado:

Por donde quiera que fui, 
la razón atropellé, 
la virtud escarnecí, 
 a la justicia burlé, 
 y a las mujeres vendí. 
Yo a las cabañas bajé, 
yo a los palacios subí, 
yo a los claustros escalé, 
y en todas partes dejé, 
 memoria amarga de mí. 

Don Luis no se achica, tampoco se ha quedado atrás en Flandes. La bolsa le dura un mes. Se une a una partida de bandoleros y desvalijan el palacio episcopal de Gante, entran a saco en las riquezas de la Iglesia. En el reparto siempre hay lío. Mata al jefe de la banda y se queda con el botín. Huye a la vecina Alemania donde mata a un fraile que lo delata. Pasa a Francia y en París se queda otro medio año donde a las francesas adoró y con los franceses riñó. Ahora está en Sevilla para cumplir con el compromiso ante el altar que tiene con Ana de Pantoja para el día siguiente. 




"Compré a fuerza de dinero/ la libertad y el papel"

En vista de que los dos han jugado al empate en maldad, que sea el papel escrito con la relación de iniquidades el que incline el fiel de la balanza a uno u otro lado. Las cifras son siempre frías porque detrás de los números hay tragedias personales, pero favorecen a don Juan tanto en muertos como en conquistas amorosas, sus amoríos recorren toda la escala social. Sin embargo, don Luis es un hueso duro de roer, reta más; queda por conquistar a una novicia a punto de profesar. Don Juan quiere y envida más, a ello unirá la novia de un amigo que esté a punto de casar. Será Ana de Pantoja, la prometida de don Luis, y en sólo seis días el semental todo lo hará

Don Gonzalo y don Diego que han escuchado enmascarados los discursos de los dos contendientes, saltan al ver tanta maldad, pero las amenazas de don Diego de llevar a su hija al sepulcro antes que ceder y de la existencia de un dios justiciero, son caricias para el hijo de un león. Largo me lo fiáis contesta don Juan: 

que yo no os he ido a pedir 
jamás que me perdonéis. 
Conque no paséis afán 
de aquí en adelante por mí, 
que como vivió hasta aquí, 
vivirá siempre don Juan. 

Antes de caer el telón del primer acto unos alguacilillos de ronda prenden a los dos, para que no haya asimetrías, por delaciones mutuas y falta de formalidad. Parece que a don Juan el futuro se le complica, se le pone más difícil cumplir la apuesta de la doble conquista amorosa. Han pasado muchas cosas sorprendentes y esto no ha hecho más que empezar.

Love is in the air, in the whisper of the tree 
Love is in the air in the thunder of the sea 
And I don't know if I'm just dreaming 
Don't know if I feel safe 
But it's something that I must believe in 
And it's there when you call out my name
John Paul Young




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



domingo, 19 de noviembre de 2017

La saga/fuga de J.B. (39) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. Olores de revolución.






"A la puerta hay un hombre que alborota la noche y pide ser recibido"


La saga/fuga de J.B. (39) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

"¡Ay de los meantes contra el muro!"  es un lamento con tintes de amenaza que se desliza en algún momento de las Sagradas Escrituras y que al almirante John Ballantyne le ha llevado a la reflexión en momentos de dolor lacerante. ¡Qué acierto de palabras conjuntadas! Por eso Jota Be ha dedicado su vida a conjuntar palabras. Nada importa la calidad de la poesía ante la belleza de una  muerte entre alambradas de algodón. “El primo John dio la vida por Irlanda y Dios le tendió su mano y le llevó por encima de las nubes.” 

Las fuerzas de Villasanta mandan en son de paz a su capellán castrense, don Amerio, a parlamentar con los sitiados. Pactar mejor que derrotar, pactar hasta con los que te quieren destruir. Les propone un trato: si entregan al Cuerpo Santo y a Lilaila, el batallón pasará de largo. Piden al Cuerpo Santo porque Castroforte es indigno de albergarlo y a la mujer por traidora a la patria y a su marido. Según don Amerio, de nada le sirve al capitán haberse batido heroicamente en la batalla de Puentesampayo si en casa tiene una mujer que piensa por su cuenta. El engaño de un hombre es algo vergonzoso que un duelo a primera sangre limpia, pero que una mujer tenga ideas propias… Eso es difícil de asumir. Para ella el capitán Barallobre puede ser un héroe en el campo de batalla, pero no pasa de borrico de puertas para dentro. 

El lieutenant de la Rochefoucauld observa y escucha la conversación sin intervenir, el toma y daca dialéctico. Sopesa la conveniencia o no de cargar el trapo y tender los papalugos mientras juguetea entre las manos con la cabeza del bastoncillo. A Ballantyne le llevan los demonios el sobamiento porque se le asemeja al majestuoso fluido sonoro de un pavo real que corteja la pava apabullada. 



"Los hombres de mi clan, al recordarme, no tendrán que avergonzarse y esconder las miradas en la sombra"

La cólera enciende los colores y le hincha las venas de la cara a don Amerio. No soporta la visión de Lilaila con la espada en el regazo como si fuera la labor de costura. Hay maridos que mandan y esposas que obedecen y sanseacabó. “Y hay mujeres que no hallarán agua bastante para limpiar su cuerpo de las manchas dejadas en él por sus maridos.” Algo se ablanda en las manos vegetales del Canónigo don Amerio, traslúcidas y litúrgicas, ungidas de un poder capaz de fulminar condenaciones de perdón reservadas a la Santa Sede. Afuera los estudiantes gritan eslóganes de rima consonante y disparan contra las paredes de la casa mientras esperan alguna proclamación desde el balcón. Les advierte que los franceses ya conocen la fiereza española cuando se agarran a la vida hasta el último aliento como un numantino. Cuando alguien los lleva al límite,  se emborrachan de victoria, la lista de casos bélicos es larga, comienza en Berlín y puede acabar ese  mismo día en Castroforte del Baralla. Confían en los cañones dispuestos en las murallas, pero más en la ferocidad de las lampreas. Ningún soldado de Villasanta se atreverá a vadear el río Mendo porque desde chicos guardan en la memoria el miedo a las lampreas. 

El almirante sale a la ciudad seguido por docenas de voluntarios de primera hora con ganas de mambo, ansiosos por estrenar los cañones, deseosos de comprobar el efecto de los cañonazos en las masas compactas de los villasantinos sitiadores. Aquella noche duerme vestido. El repique de campanas respondido por el tam tam lejano de los tambores y el toque de trompetas del otro lado del río lo despiertan antes del amanecer. Han sacado los santos de sus capillas y los pasean en andas por las calles entre el fervor de la gente que se arrodilla y santigua a su paso. Cuatro marineros portan a hombros la urna con el Santo Cuerpo Iluminado. A primera vista se había hecho un buen trabajo en la momia, pero al tocarla queda entre los dedos una pulgarada de polvo grisáceo y áspero. Los presentes coinciden en que no se le pueden añadir extremidades a aquel tronco medio desintegrado, a aquello le falta consistencia. Deciden dar gato por liebre integral. La gente no dirá nada porque no se enterarán del cambiazo y por el cielo no hay que preocuparse, a las mañanas ya no le harán falta los quiquiriquíes de los gallos del amanecer. A menudo dicen una cosa y la contraria para dejar a salvo la libertad de elección. 




"Un olor más fino que el incienso y más penetrante que el de los nardos se expandió por aquellos ámbitos secretos" 

Con respecto al problema religioso que se plantea expone: “En ninguna parte está escrito que, para que un cuerpo sea venerable, haya de conservar la forma. Reducido a polvo, ¿quién duda que es el mismo cuerpo?” El problema radica en que la gente es tautológica: el cuerpo es cuerpo y el polvo es polvo. La solución estaría en la palabra. (“¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas!”JRJ) Si los deanes que se dirigen a la gente van cambiando de manera gradual Santo Cuerpo por Santas Cenizas, se puede asegurar que en dos generaciones se habrá logrado anular la noción de Santo Cuerpo por la de Santas Cenizas. El gato por liebre se habrá asentado en la memoria colectiva y para entonces no habrá más que cenizas en la urna. No parece difícil de conseguir con los peregrinos franceses o italianos que vienen todos los años, el problema sería con los peregrinos checos, los coptos o los etíopes que no peregrinan con tanta frecuencia debido a las dificultades que ponen los otomanos a pasar por sus fronteras. En este caso no queda más remedio que recurrir al cambiazo. O esto o lo otro. Ante la indecisión de los presentes, el canónigo da por recibido el consentimiento, manda poner el cuerpo de la doncella en el altar y traer una caja de zinc en la que meter los restos del Santo Cuerpo Iluminado. A ver si lo pueden dejar descansar en el interior de una huesa excavada en la cueva por los siglos de los siglos. 

La labor del forense no se paga con dinero. Le saca el paquete intestinal a través de un corte en forma de tau. La incisión de Amenhotep. Un aroma más penetrante que el de los nardos se expande por las estancias y llega a la Casa del Barco y al enemigo que no acierta a explicarse el perfume. Olor de santidad. Insinúa que las tripas se puedan vender como reliquias, el olor abona la santidad. El olor saca de sus retretes y de sus glorias a la señora viuda que aparece con la “vista nublada de realidades incompletas y de recuerdos íntegros” y anuncia que don Asterisco, el hombre que alborota la noche, pide ser recibido.

Paso de vencedores 
tierra en rescate; 
Clarines de la dignidad 
Sol del Obrero 
Campesino triunfador 
Hermano nuevo 
Olores de revolución 
Patria en barbechos 
Sangre que dejó correr savia en el río 
Río que he visto volver amanecido
María Dolores Pradera


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes, 14 de noviembre de 2017

Don Juan Tenorio. José Zorrilla. Bala perdida.




"Yo soy un hombrecillo macilento"

Don Juan Tenorio 
José Zorrilla 

Un escritor no es un marciano aparecido de la nada como en un avistamiento por sorpresa, de modo que no vendrían mal para empezar unos breves apuntes sobre el contexto político social en el que José Zorrilla se desenvuelve. Cada escritor escribe, sufre o se favorece de la situación del momento que le toca vivir. Como atento observador de la realidad, todo influye a su producción literaria, ya sean las corrientes artísticas del momento o sus circunstancias personales y familiares. 

José Zorrilla pega el primer llanto en Valladolid 1817 y muere en loor de multitudes en Madrid 1893. Por lo tanto, fue coetáneo de Carlos Marx (1818-1883), Garibaldi (1807-1882) o Bismarck (1815-1898). Su muerte estuvo acompañada de grandes muestras de luto nacional. 

Los movimientos nacionalistas, que terminan en las unificaciones alemana e italiana, a través de un conjunto de guerras, toman auge en Europa tras la derrota de Napoleón en Waterloo 1815. Surge el socialismo en paralelo al progreso de la ciencia y la industria. “El manifiesto comunista” se publica en 1848 y “El capital” en 1867. Las nuevas técnicas industriales aplicadas a las artes gráficas abaratan costes y permiten una difusión creciente de la lectura y la cultura. 

El desarrollo industrial trae consigo una creciente urbanización y un aumento considerable del nivel de vida y de la población en Europa. Aunque nunca faltaran periodos de hambruna, como en Irlanda en 1846 al perderse la cosecha de la patata, dieta básica, que desencadenaría una emigración masiva a Inglaterra y América. 





"Sobre ellas van mi cuerpo y mi cabeza"


Una vez derrotado Napoleón, los vencedores se unen con la intención de restaurar el Antiguo Régimen. Volver al periodo prerrevolucionario para sofocar las nuevas intentonas revolucionarias románticas que sucedan. El liberalismo termina por imponerse en la mayoría de países. Los movimientos nacionalistas toman la lengua como criterio fundamental de la identidad nacional, con derecho a decidir un estado propio, lo cual choca con las fronteras existentes desde la antigüedad. Por ejemplo en el galimatías de Los Balcanes mestizos de lenguas y razas distintas. En España, una vez que los ejércitos de Napoleón son derrotados, se produce la restauración de Fernando VII en 1814, que nada más regresar anula la primera Constitución liberal de 1812. La invasión francesa provoca nuevas legitimidades en América latina que logra la total emancipación en 1924 tras tres lustros de guerras ( con la excepción de Cuba y Puerto Rico, claro). 

España durante la época romántica es un país atrasado y pintoresco. Los europeos viajeros que vienen por aquí nos ven como un prototipo de lo romántico. Un país esencialmente romántico, lleno de asonadas constantes, de bandoleros que te asaltan en los caminos o guerrilleros echados al monte. El Romanticismo es esencialmente un movimiento artístico y literario, también un estilo de vida ampliamente difundido que exalta la sensibilidad y la pasión, que apuesta por actitudes arrebatadas en las que priman la inspiración del artista, lo original y lo diferente. En España el espíritu romántico entronca con la tradición del Siglo de Oro y Romancero, parodia de las obras clásicas, pero que contiene todos sus elementos como oposición o reacción a los gustos neoclásicos imperantes hasta ese momento. 

El primer censo de población fiable español data de 1857, arroja una población de quince millones de habitantes, lo cual lleva a suponer que la población a comienzos de siglo era de unos once millones y medio (aplicando los modelos de crecimiento europeos y la característica española), ya con la tendencia acentuada de más población en las costas. La población europea sigue creciendo durante todo el siglo XIX a pesar de episodios de hambrunas y epidemias puntuales que provocan emigraciones masivas a América. El siglo XIX español está preñado de inestabilidad política, tres guerras carlistas, intentonas golpistas y procesos revolucionarios fallidos. 

VIDA Y OBRA 

Nada mejor que recurrir a su autobiografía para saber de sus obras, milagros, hechos y omisiones. Con Zorrilla tenemos la suerte de que dejó escrito “Recuerdos del tiempo viejo,” publicado por entregas, en una columna de los lunes del Imparcial entre 1880-1883. No hay muchas fotos de José Zorrilla, pero dejó escrito en verso este delicioso autorretrato a la manera cervantina: 

Yo soy un hombrecillo macilento, 
de talla escasa, y tan estrecho y magro 
que corto andando, como naipe el viento, 
y protegido suyo me consagro; 
pues son de delgadez y sutileza 
ambas a dos, mis piernas, un milagro. 
Sobre ellas van mi cuerpo y mi cabeza 
como el diamante al aire; y abundosa, 
pelos me prodigó Naturaleza. 

Como ya hemos dicho, Jose Zorrilla nace en Valladolid, ciudad en la que su padre era relator de la Chancillería, cargo importante de la justicia. Su padre era un hombre rígido, estamental hermético, cabezón de ideas fijas y absolutista furibundo. Vamos, uno de esos separatistas oprimidos virtuales de ahora que por lo visto proceden de Rusia y Venezuela. Nunca aceptó que su hijo se dedicara a escribir, ni el éxito literario consiguió acercar desavenencias. Tamaño deshonor sólo se limpia con un duelo a primera sangre. Este alejamiento familiar marcará toda su vida. 





"Y protegido suyo me consagro"

Siempre con la maleta preparada para seguir la estela del padre que va ascendiendo de puesto en la carrera judicial. Burgos, Sevilla y Madrid en 1827 donde entra en un colegio aristocrático. La muerte del rey Fernando VII en 1832 y la destitución de su protector el ministro Calomarde lo destierran, degradado, a Quintanilla de So Muñoz. Manda al hijo a estudiar leyes a Toledo. “Va más para pintamonas que para abogado” escriben a su padre. En Toledo siente fascinación por las callejuelas estrechas y retorcidas de la ciudad mezcla de las tres culturas. Se dedica a pintar los monumentos y paisajes en lugar de estudiar. La ciudad imperial será la localización de muchas de sus leyendas. 

Su padre lo trae a Valladolid donde los estudios van de mal en peor a pesar de la supervisión del Rector de la Universidad. Obsesionado por los cementerios, uno de ellos será luego su tabla de salvación como veremos luego, quiere dedicarse a escribir. De nada sirven las amenazas de su padre de ponerle a cavar parras en Torquemada si no aprueba el curso. Se escapa de casa y con una mano delante y otra detrás llega a Madrid. Se gana la vida malamente escribiendo y pintando. Se aloja en la buhardilla de un cestero y en casa de su amigo Miguel de los Santos. 

Un catorce de febrero de 1837, estando en la Biblioteca Nacional para escapar del frío de la calle y de su casa, se entera de la muerte de Larra. Se presenta con otros amigos escritores en el duelo por el que pasan los autores de Madrid. Allí le proponen que prepare un poema para el entierro del día siguiente. En el cementerio de Fuencarral lee los versos que acaba de componer con juvenil voz argentina y que conmueven a los asistentes. Da un auténtico golpe de mano literario; al día siguiente El Imparcial recoge: “España, al perder al más grande de los críticos, encontró al más popular de los poetas.” Como él mismo reseña en “Recuerdos del tiempo viejo.” 

En 1839 cae enfermo de algún tabardillo cruel y como en “El jardín engañoso,” con ligeras variaciones, lo cuida doña Faustina, diecisiete años mayor, madre de su amigo Antonio Bernal O’Reilly,  con la que se casa ese mismo año, un matrimonio desigual al que Zorrilla considera responsable de todas sus desgracias. Primero malmete en su familia, siente celos enfermizos de las actrices de sus obras y es la causa final de su huida a Bélgica, Francia e Inglaterra. (¡Qué le darán en Bélgica a tanto calavera español que allí se asienta!) En 1854 continúa la huida más allá de los mares, marcha a Méjico donde permanece hasta 1866, justo cuando la revolución derroca al emperador Maximiliano, su benefactor. El recibimiento aquí es apoteósico, se organizan homenajes en las mayores ciudades de España en las que lo proclaman príncipe de los poetas nacionales. 

Los últimos años de su vida los pasa con una sensación agridulce,  pues la fama y reconocimientos recibidos, no se ven correspondidos por ingresos económicos. Tiene que vivir de una modesta pensión del estado, acosado por achaques físicos y estrecheces económicas. 

Su actividad de creador literario se concentra en trece años, de 1837 a 1850. Considerado desde el principio el paladín de la nueva escuela romántica, “El zapatero y el rey” (1840), “Don Juan Tenorio” (1844) y “Traidor, inconfeso y mártir” (1849) son sus tres éxitos más importantes en cuanto a cantidad de representaciones. José Zorrilla estimaba especialmente las Leyendas. En “El capitán Montoya” y en “Margarita la tornera” está el embrión del personaje de Don Juan Tenorio. En ellas se puede disfrutar de la enorme libertad y facilidad para versificar del autor. En ellas recoge temas de crónicas antiguas o tradiciones populares trasmitidas oralmente y los convierte a través del verso en lectura favorita del pueblo.

Tírame el salvavida 
 de las balas perdidas 
Porque las velas que nos pongan al morir 
no nos traerán 
 la luz que nos faltó cuando volábamos
LA MODA




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

Las notas sobre la Vida y Obra de José Zorrilla están tomadas de la edición de Don Juan Tenorio de Aniano Peña,  de editorial Cátedra.

Las ilustraciones son fotos de la exposición de Miguel Barceló con motivo del octavo centenario de la USAL. 


lunes, 6 de noviembre de 2017

La sirena de Gibraltar (2) Leandro Pérez. Oveja negra.






"A la derecha la inmensa mole de la Roca jibarizaba las escasas edificaciones"


La sirena de Gibraltar (2) 
Leandro Pérez 

Ya dijimos en la entrada anterior dónde y cuándo ocurren los hechos de La sirena de Gibraltar. Hoy daremos algunas apreciaciones personales acerca del estilo del autor, del narrador y de los personajes de la novela. 

La voz narradora está en tercera persona, cambia a primera cuando reproduce los pensamientos del protagonista y en el diario de Maddie. La transición entre una manera de narrar y otra se produce de una forma suave, sin estridencias que violenten la narración. En este trocito de texto vemos el cambio de tercio,  de un narrador a otro,  y el ajuste de tiempos verbales: “Necesito dos minutos. Con suerte me da tiempo. Tardó cuatro, porque al abrir el armario de los zapatos se encontró con su pistola y el bolso de Maddie.” Siempre escaso de tiempo para recrearse en la suerte y descripción de amaneceres, pero plenos de lirismo porque las cosas pasan deprisa en esta novela: “Un limbo blanco y aburrido como un techo sin lámparas, iluminado por una luz alógena, cubrió con sábanas limpias a Juan Torca en la Gran Vía madrileña. Un limbo sin eco.” 

Preguntas sin respuesta bullen a borbotones en la mente revuelta de Juan Torca canalla y desobediente hasta con su hijo policía “¿A dónde mira un suicida cuando ya se ha lanzado al vacío?” En vivo contraste con estas preguntas de una mente en rastrojo, la novela también destaca por los diálogos, mucho diálogo, fluido, utilizando el lenguaje de la calle, repleto de tacos, muletillas, juramentos o sobreentendidos: 
 -¿Por qué cojones hablas de mí con nadie? 
 -¿Con nadie? ¿Se puede hablar con nadie? 
-¡Joder! ¿Te lo repito? 





"Hay que exagerar mucho para llamar a esto supermercado, pensó Torca."

Siempre aparece el látigo del autor que vapulea el desorden, le pone una alfombra de terciopelo a la narración para que las piezas vayan encajando hasta completar el puzle o llenando de voces las calles vacías de las seis de la mañana. Algo que los lectores de un thriller deben agradecer al autor es el orden meticuloso que impera en esta novela. 

El autor recurre a la letra bastardilla para indicarnos que un trozo de texto se aparta del tema principal, pero que después resulta imprescindible para entender la trama. Casos de flashbacks; las mujeres de Juan Torca, antiguas relaciones; transcripción completa de un artículo de periódico o de una guía turística  y el diario de Maddie, por supuesto. Salvando las distancias, parecen las novelas intercaladas del Quijote, un paréntesis en la narración, pero nunca independientes, mantienen los vasos comunicantes con el tema central, siempre importantes para el desarrollo de la historia porque nada sobra ni falta en La sirena de Gibraltar. 

La aparición de Juan Torca es fulgurante, testigo en moto de la extracción de un cadáver empozado en las aguas del río Manzanares, caudaloso como el Amazonas. El grueso de la trama será descubrir al asesino como en la mayoría de las tramas de novela negra.  Presentado al estilo de Clint Eastwood en Gran Torino, ángel de la guarda, amigo para siempre de una chica ecuatoriana a la que defiende de unos nazis mientras hace footing por el Retiro. Clint Eastwood de pasado turbio a sus espaldas cuyos datos van cayendo gota a gota a lo largo de la obra como el dosificador de las botellas boca abajo de los pubs británicos. Juan Torca colecciona series y películas y se enrolla con chicas a las que dobla la edad. El protagonista no está solo aunque viva solo en el centro de Madrid. Cuenta con la ayuda de sus compadres, una hermandad de veteranos forjada en las dificultades. Tipos duros, curtidos en el norte durante los años de plomo en lucha contra el terrorismo de la ETA. La complicidad, el código no escrito que rige el lado oscuro y los silencios entre ellos están muy bien administrados. Los compadres usan métodos de antes, prefieren los teléfonos que sólo sirven para llamar y reciclan las nuevas tecnologías. No pueden evitar que su protegido Torca reciba varias palizas que lo dejan al borde de la muerte. Una vez le quitan la chica y le meten tres tiros. Este es el clímax de la historia, el momento clave gestionado con maestría por el autor: llega a engañar al lector. La sangre en el suelo nos hace creer que nos quedamos sin protagonista a mitad de la novela. Pero he aquí que tenía chaleco antibalas, la salvación del héroe que recibe tanto como reparte. 




"Los llanitos no sueltan prenda"


No conviene olvidarse del diario de Maddie, que va adquiriendo importancia a medida que avanza la novela, tanto que el desenlace final de la historia se resuelve con la primera página de la nueva agenda. No hay manera de que el autor deje un cabo suelto. Los hechos reflejados en el diario desde el punto de vista femenino, de la hermana de la asesinada. El autor recurre a él cada vez que quiere que la investigación avance, se convierte en un personaje más del relato. Un recurso sumamente inteligente. Y qué bien escribe esta Maddie, puede dedicarse a escribir en los ratos libres que le deje la enseñanza. 

Del villano sabemos poco más que es “un tipo que para dejar de matar debería morir.” Y en eso consiste la lucha contrarreloj por evitar un segundo asesinato alevoso en las aguas fronterizas, rellenas de bloques de hormigón y buques cisterna, del Peñón de Gibraltar. La maravilla es el toro bravo pastando en el parque natural de Los Alcornocales. 

No vamos a contar nada más del argumento, sólo aconsejarles su lectura si lo que quieren es olvidarse de la rutina durante unas horas, porque irán a vivir otras vidas con este JT que no es José Tomas, el torero, pero que se le parece por el misterio que arrastra, sus ausencias y silencios. Oirán hablar más de este Juan Torca, mitad truhán mitad señor oveja negra, nacido como estrella con luz propia.

Llevaos la paloma blanca y traed ovejas negras 
En un año se han vendido muchas almas 
Somos mirlos en los ojos de otros mirlos que se van
 Corazón no se alimenta de las ventas 
Imposible ser neutral sobre un tren en movimiento 
Estas calles son distintas 
De aquí no se va el invierno
La MODA


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


jueves, 2 de noviembre de 2017

La sirena de Gibraltar. Leandro Pérez. Estar de muerte.




"El Peñón se agigantaba según se acercaban a la costa"

La sirena de Gibraltar 
Leandro Pérez 

La sirena de Gibraltar no está en los escaparates y anaqueles de las librerías de Salamanca. Pero un mensaje en el móvil te avisa de que ya lo tienes disponible en la librería veinticuatro horas más tarde. Dentro destacan los títulos traducidos del flamante nuevo Premio Nobel británico con nombre japonés, Kazuo Ishiguro, que a uno no le sonaba más que de nombre y gracias. 

La portada de la novela da un poco de yu yu cuando se mira con algo de calma. La imagen tiene la quietud permanente de un cadáver sin ojos. La frialdad del mármol. Sudario de luz, tiniebla y soledad en las manos entrelazadas, abrazadas al agua que da y quita la vida. Una imagen enigmática que esconde un misterio. La foto del autor (La misma que usa en las redes sociales) y una breve y cuidada reseña de la novela ocupan la contraportada. En ella ya se nos anticipa que estamos ante un “thriller absorbente protagonizado por un personaje tan memorable como magnético, Juan Torca.” 




"Pues ojalá gracias a esos túneles se venga abajo el Peñón, con los putos monos, eso dice mi cuñao"

La solapa de la portada reproduce la primera página de la novela en la que destaca esa frase redonda del amanecer que te corta el jadeo de un puñetazo. Pronto y en la mano: “La muerte es una sirena andaluza con la cola forrada de hormigón.” Sirena llanita con acento andaluz. 

La solapa de la pasta de atrás es una breve biografía del autor junto a las típicas consideraciones laudatorias de críticos y escritores sobre la novela que siempre ayudan debido a su categoría literaria, pues tampoco se pueden arriesgar a quedar comprometidos por una opinión que luego no se vea refrendada por el lector. Todo ello rematado con tres direcciones en las que se invita al lector a expresar su opinión sobre la obra. Se nota que el autor no tiene plomo en las alas que lastre su vida en internet. 





Dos reflexiones o citas literarias nos siguen dando pistas sobre el tema del thriller antes de comenzar el relato. La primera viene de la Edad Media, dos versos del Cantar de Mío Cid con hambre y sed de justicia por el ultraje al honor sufrido en lo más intocable de un hombre; sus dos hijas vejadas por los infantes de Carrión: 
 “Quien a damas escarnece y así abandona a traición 
que otro tanto le acontezca o alguna cosa peor.” 

La segunda es actual, de Walter White, el profesor protagonista de la exitosa serie de televisión Breaking Bad: 
 “Todas las vidas vienen con una condena a muerte” Nacer es comenzar a morir. 

Después otra de Albert Camus: 
“Para que la pena sea verdaderamente ejemplar ha de ser espantosa.” 
Incide en la superación de la ley del talión que quiere una pena idéntica al estropicio causado, un escarmiento. Nada ni nadie te exonera de la culpa, por eso se representa a la justicia con los ojos cerrados y una espada. 

Las nueve citas de la novela merecen mención aparte. Cada uno de los siete capítulos principales en los que está estructurada la novela viene encabezado por una cita acorde con la lectura que sigue. He aquí algunos, transcritos porque me parecen preciosos y elegidos con sumo cuidado, llenos de significado como el célebre poema de Ángel González en “Glosas a Heráclito”
“Nada es lo mismo, nada 
Permanece. 
Menos 
La Historia y la morcilla de mi tierra: 
Se hacen las dos con sangre, se repiten.” 

 “El futuro es un humo de ala dulce y homicida. Una esperanza con neones.” Antonio Lucas. 

Y la última que es como una invitación a leer la próxima entrega de Juan Torga: 
“El quería cruzar los mares y olvidar a su sirena.” 
Fito y los Fitipaldis en “Soldadito marinero” 

Las citas, breves y contundentes como un tweet, son la banda sonora de un relato en el que no queda espacio para la música, todo va derecho al grano,  sin circunloquios ni paradas narrativas que alivien la tensión permanente. El artefacto narrativo está estructurado con precisión de cirujano experto. Siete días de la semana, siete capítulos distintos, de lunes a domingo, del uno al siete de julio San Fermín como la canción popular. Seis días de trabajo estresante para una persona normal y el séptimo que no tiene más remedio que descansar porque el protagonista termina la historia medio muerto en un hospital de Gibraltar. 




"El casino flotante estaba fondeado en una zona ganada al mar, nueva, cercana a la frontera"

Luego, veinte capítulos, todos titulados a la vieja usanza de los escritores grandes como Cervantes o Dostoyevsky que también titulaban los capítulos. Los títulos son otra clave certera más de lo que vamos a leer segundos después. Nuevo valor añadido de esta novela que certifica que a Leandro Pérez le caben en la cabeza muchos tipos de literatura. Para terminar una coda final o epílogo en el que señala que quizás encontrara el yacimiento de inspiración el trece de julio de 2013, trescientos aniversario del Tratado de Utrecht. El misterio de la Santísima Trinidad, el número tres. Los motivos, los agradecimientos y un correo electrónico para lectores que quieran comentar el libro. 

Las cosas pasan principalmente en Madrid que es donde reside Juan Torca, pero hay bastantes viajes por la geografía nacional. De norte a sur, viajes importantes para el desarrollo de la narración, de Bilbao a Marbella y Gibraltar que es donde muere la historia con las trepidantes escenas del asesino en bicicleta. 

Tocaría hablar de los personajes, ambiente, estilo  y contar algo del argumento, pero lo dejaremos para la siguiente entrada porque tampoco conviene abusar de los millones de lectores que por aquí se acerquen. 

Si he de fundir mi espacio frente al tuyo 
Cómo será tu cuerpo al recorrerme 
Y cómo mi corazón si estoy de muerte 
Mi corazón si estoy de muerte
Chabuca Granda


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


domingo, 29 de octubre de 2017

Novelas Amorosas y ejemplares. El jardín engañoso.(2) María de Zayas y Sotomayor. Rienda suelta.





"Como amaba tan de veras a su esposo, se entristeció de lo que los demás se alegraban"

Novelas Amorosas y ejemplares 
El jardín engañoso (2) 
María de Zayas y Sotomayor 

El demonio aparece sin invocarlo en el momento justo, como el ejército de salvación nacional, en medio del humo como el genio de la lámpara de Aladino. Se ofrece a don Jorge para construir en un día el jardín delante de la casa a cambio del alma. Él le echa el buen provecho y rubrica la cédula que el diablo trae consigo preparada para no perder tiempo, sin importarle que firma una pena que durará eternidades a cambio de un gozo efímero. 

Con las claras del día Jorge ya está en la placeta comprobando el milagro por lo infernal del jardín digno de monarcas, la más bella obra jamás vista. Todos madrugan para admirar la construcción que derriba la fortaleza del honor de Constanza. Ella se desploma al suelo muerta de espanto al ver el imposible cumplido. Al volver en sí, media hora más tarde, pide a su marido que le dé la muerte por haber puesto precio al honor de toda la familia. Morir como Lucrecia, pero con más severidad, solo por pensar el deshonor, la ofensa cuyo único remedio es la muerte. 




"Cosa que muchas veces sucede ser freno a las inclinaciones de los hombres la desigualdad"

Don Carlos se lo piensa, pues es mucho lo que pierde con el quebranto. Sabido es lo que Aristóteles dejó dicho para los restos: “El que escoge mujer más rica que él, no compra mujer sino señora.” Y la autora aclara la sentencia: La mujer sin hacienda toda la vida procura con su virtud y humildad “granjear la voluntad de su dueño.” Constanza está ahora convencida de que hizo mal en poner precio a la virtud, algo que no tiene precio. Al ver un amor tan intenso, capaz de cumplir imposibles, el que estorba es él. Y a darse muerte, a meterse la espada en los pechos se dispone cuando lo detiene don Jorge con “Tente, Carlos, tente” semejante al bíblico: “Detente Abraham, no mates a tu hijo Isaac.” Un golpe de suerte que hace suyo el dicho hecho canción: “La muerte es sólo la suerte con una letra cambiada.” La exime de la palabra dada. Que sea don Carlos de Constanza y Constanza de Carlos y muera don Jorge que pierde la joya que le mantiene con vida. 

Aparece el demonio que cédula en mano levanta la obligación de don Jorge porque no quiere en el infierno alma de quien se sabe vencer. Le suelta la rienda, afloja el nudo, exonera de culpa y dona libertad.  Y que el mundo se admire de que en la maldad también cabe virtud. Y dicho esto,  se evapora entre una humareda espesa y hedionda que sigue sin disiparse del todo en Zaragoza

Todos los presentes hincan las rodillas y dan gracias a Dios entre lágrimas por librarles del maligno. Don Jorge pide perdón a Constanza por las molestias que su pasión inoportuna le haya causado. De paso pide la mano de Teodosia a quien antes había despreciado. Ese mismo día se desposan y al siguiente celebran la boda solemne con mucha fiesta para toda la ciudad. 




"No puedo negar, señora mía, que hiciste mal en poner precio por lo que no le tiene"


Corrieron los años, tuvieron hijos y fueron felices. Al morir Teodosia le encuentran escrita de su mano esta maravilla que aquí damos fin. Una manera original de resolver el asunto del narrador del relato que guarda similitud con el Quijote y los cartapacios del Alcana de Toledo. Hay que leer las historias hasta el final si no queremos perder la sorpresa, aunque nadie la pida. 

Como la historia no es larga -María de Zayas organiza un cine fórum o un debate de lectores después de la lectura o la proyección-, la completa con los comentarios de los oyentes de la maravilla acerca de qué personaje principal ha hecho más en pro de un final feliz. Resumiendo, después de las deliberaciones pertinentes, concluyen que el demonio “por ser en él cosa nunca vista el hacer el bien.” 

La autora deja para el final el desenlace del conflicto planteado al principio de la obra. El día primero del año, día de la Circuncisión, se desposan don Diego y Lisis. Castiga la ingratitud de don Juan, anota la marcha de Lisarda y promete una segunda parte si la obra es estimada como desea y espera. Promesa que cumple diez años más tarde para coincidir con los diez años que también había tardado Cervantes - yacimiento de inspiración- en dar a la estampa la segunda parte del Quijote treinta años antes.


Cuando se quiere a fuerza 
rebasar la meta 
y se abandona todo 
lo que se ha tenido. 
 Como tu traes el alma 
con la rienda suelta 
a ti también te suelto 
y te me vas ahorita.
Jose Alfredo/María Dolores Pradera



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.